
Iniciado por
Supertramp
…He estado pensando eternamente en como bajar de aquí para llegar a esas almas vagabundas. Llevo siglos tratando de encontrar la salida del laberinto y por fin la he encontrado, lo logré porque tengo ventaja sobre ellos al encontrarme en la parte superior del mundo.
En cada inhalación que mis pulmones daban mi fragmento de aire iba despareciendo poco a poco por lo tanto cada vez bajaba más y más, supongo que así fue como las demás almas llegaron hasta el laberinto, también puedo suponer mi futuro.
Un tiempo después empecé a notar varias salidas más pero era un panorama sombrío, me di a la tarea de respirar cada vez más rápido, aunque mis pulmones se cansaran de hacer su trabajo lo seguía haciendo, quería que mi aire desapareciera, quería llegar abajo.
Cuando pude ver la realidad mi mente se nubló por completo y me hizo querer hacerme preguntas confusas de las cuales ninguna tendría explicación, ni aunque pensara eternamente en ello, ni aunque la diminuta medusa que vive en mi bolsillo me concediera tres deseos más.
Duré días sin respirar; estuve observando detalladamente cada sección del laberinto inclusive se me hace fácil poder dibujar el laberinto en mi mente, podía ver todas sus salidas, en realidad solo un ciego podría no verlas.
En determinado momento desconfié de mí mismo y empecé a dibujar en un papel con tinta roja el laberinto, no quería nunca perder esa imagen; tuve una sensación extraña al haber terminado de dibujar, es como si la parte de mi cerebro donde estaba el diseño hubiera desaparecido para siempre, duraría mucho tiempo en reconstruirlo, me límite solo a observar.
Al engrandecer mis horizontes pude observar que alrededor del laberinto había un pueblo muy particular, pero mi vista no me podría engañar y me decía que había más laberintos allá afuera; ¿o adentro? Eso era lo que mi mente trataba de imaginar.
En este pueblo cada habitante vestía un traje de astronauta, como si estuvieran esperando una nueva misión, no usaban el casco pero siempre estaba en las entradas de sus casas. La casa de estos seres eran peces globos, cada persona escogía su pez globo favorito.
Se trasladaban por medio de submarinos amarillos que siempre estaban estáticos; la gravedad hacía su trabajo y no los dejaba caminar normalmente sino caminaban en reversa pero siempre mantenían su rumbo claro. Las calles eran transparentes y podía ver los peces debajo de ellas.
En las mañanas grandes luciérnagas alumbraban cada rincón del lugar, algunas tenían colores diferentes pero al final de todo siempre terminaba siendo un mismo color creado de mezclas mezcladas anteriormente. Gigantes libélulas se encargaban de hacer que el mar tuviera olas, de que las luciérnagas se movieran por todo el lugar, se encargaban de crear el viento del pueblo, los seres más pequeños se divertían tratando de llegar a tocar una libélula; la historia decía que si llegabas a tocar una con tus propias manos podrías poder escoger a cual lugar del mundo dirigirte, el lugar que quisieras, con el movimiento de sus alas ellas te llevarían hasta ese lugar pensado. Solo un alma lo habría podido haber alcanzado; no muchas almas hablaban de eso, y casi ninguna conocía el paradero del afortunado.
En los árboles crecían hojas de papel que usaban para fabricar aviones.
Cuando las luciérnagas descansan todo se vuelve oscuro, solo se escuchan las alas de las libélulas, ellas nunca descansan. El único lugar en el que se puede ver algo es en el laberinto. Mi paso por el pueblo fue muy breve, en realidad lo que quiero ver antes de gastar mi aire es el laberinto y saber el porqué de tantas salidas…
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